Política

Marruecos–Estados Unidos: un partenariado estratégico consolidado en el centro de los nuevos equilibrios geopolíticos

En los últimos años, Rabat y Washington han fortalecido su cooperación en varios ámbitos clave, convirtiendo su alianza en un elemento fundamental de los equilibrios regionales, desde el norte de África hasta el Medio Oriente.

Un giro decisivo se produjo en diciembre de 2020 cuando Donald Trump reconoció oficialmente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Si bien esta decisión se pudo haber percibido inicialmente como una medida tomada al final de su mandato, fue finalmente confirmada por la administración de Biden, integrando esta dirección de forma permanente en la política exterior estadounidense.

Según Sébastien Boussois, doctor en ciencias políticas e investigador en geopolítica, «Este cambio de paradigma del lado estadounidense ha favorecido a Marruecos. Se ha acompañado de la aceleración de una dinámica ya iniciada a nivel internacional».

El especialista estima que la evolución de la posición estadounidense se explica en gran medida por la búsqueda de nuevos enfoques diplomáticos en un contexto marcado por la pérdida de influencia progresiva de las Naciones Unidas. A su juicio, la lógica transaccional adoptada por Washington, así como el acercamiento de Argelia con Rusia, especialmente tras las sanciones impuestas a Moscú a partir de 2022, han contribuido a fortalecer aún más los lazos ya estrechos entre las dos capitales.

Una cooperación reforzada desde hace más de dos décadas

Las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos se basan en una colaboración antigua que se intensificó considerablemente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center. La lucha contra el terrorismo es uno de los ejes principales de esta cooperación.

En términos económicos, la entrada en vigor del acuerdo de libre comercio el 1 de enero de 2006 marcó un hito importante. Este acuerdo eliminó los aranceles sobre más del 95 % de los productos intercambiados entre ambos países.

De acuerdo con Sébastien Boussois, «Marruecos ya tenía una estrategia a largo plazo en la región. Solo necesitaba este tipo de señal. Desde entonces, hemos observado una intensificación de las inversiones. La anclaje africana se ha fortalecido. Las alianzas se han consolidado. El marco de ‘realismo’ en torno al plan de autonomía también ha cobrado mayor importancia. El reconocimiento estadounidense ha actuado como un catalizador, reforzando la confianza y la atractividad del Reino ante los inversores internacionales».

El asunto del Sáhara en el centro del acercamiento

El reconocimiento estadounidense también ha modificado las relaciones de Marruecos con varios socios occidentales. Para el investigador, Washington ha dejado clara su posición respecto al futuro del asunto sahariano.

«Estados Unidos ha salido de la asimetría narrativa», subraya Sébastien Boussois. «Washington ha dejado de alimentar cualquier ambigüedad sobre la solución del asunto. El plan de autonomía marroquí es ahora considerado como la única solución viable. Esto ha provocado un efecto dominó notable. La posición estadounidense ahora actúa como un palanca para hacer evolucionar a otras capitales, incluso en Europa, y estabilizar ciertas formulaciones en el Consejo de Seguridad».

Esta evolución diplomática también empuja a varios actores internacionales a precisar sus posiciones. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 ha reforzado esta dinámica ya en marcha.

Al mismo tiempo, la estabilidad del Reino, así como el desarrollo de su cooperación con la Unión Europea en los ámbitos de seguridad, militar y migraciones, han mejorado su imagen ante sus socios internacionales. Rabat es actualmente considerado un actor estratégico en una zona geográfica atravesada por múltiples desafíos, desde el Sahel hasta el Mediterráneo, pasando por el Atlántico.

Otro elemento revelador: durante la votación de la resolución 2797, Rusia y China, tradicionalmente cercanas a las posiciones del Frente Polisario y Argelia, optaron por la abstención.

Para Sébastien Boussois, «esta resolución marca un cambio real, aunque sigue anclada en la lógica de compromiso propia de las Naciones Unidas. Estados Unidos juega un papel central dentro de la Misión de las Naciones Unidas para la organización de un referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso): redactan y estructuran las primeras versiones de los textos, y luego supervisan las negociaciones. Actúan así como un garante, incluso como una especie de seguro».

Una relación llamada a profundizarse

El 20 de enero pasado, la creación del Consejo de la Paz, una organización internacional presidida de por vida por Donald Trump y en la cual Marruecos forma parte de los 22 miembros fundadores, ilustró una vez más la proximidad entre ambos países.

Esta cooperación también se basa en una larga tradición diplomática que se remonta al encuentro histórico entre el sultán Mohammed V y Franklin D. Roosevelt en Anfa en 1943. Desde entonces, los intercambios entre los soberanos marroquíes y los presidentes estadounidenses han continuado regularmente.

Según Sébastien Boussois, «estas relaciones constituyen hoy uno de los pilares de la potencia del Reino. Se basan en ejercicios militares conjuntos, adquisiciones de armamento, intercambios de información, un alineamiento diplomático y una integración en las arquitecturas de seguridad regionales».

En un contexto internacional donde las alianzas se sustentan cada vez más en intereses estratégicos mutuos, Marruecos ha sabido valorizar su estabilidad institucional, su coherencia diplomática y su fiabilidad operativa. Estas fortalezas le permiten ahora imponerse como un socio duradero de la primera potencia mundial, mientras que la celebración de la Copa Mundial 2026 en Estados Unidos ofrece una nueva visibilidad a esta relación privilegiada entre Rabat y Washington.

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