Contaminación lumínica: la Tierra se ha vuelto un 16 % más luminosa en ocho años, según un estudio.

El planeta brilla cada vez más durante la noche. Según un estudio científico publicado en la revista Nature y difundido por Science & Vie, la luminosidad artificial de la Tierra ha aumentado un 16 % entre 2014 y 2022, principalmente debido a la generalización de la iluminación LED y al incremento de fuentes luminosas en las zonas urbanas.
Las observaciones realizadas a partir de imágenes satelitales muestran que las ciudades ahora emiten una luz blanca y azulada, reemplazando gradualmente los halos anaranjados característicos de las antiguas lámparas de sodio. Aunque esta transición ayuda a reducir el consumo energético, también conlleva un aumento de la contaminación lumínica.
Los LED, más eficientes… pero más numerosos
Gracias a su bajo consumo y larga vida útil, los LED se han impuesto en la iluminación pública en todo el mundo. Sin embargo, su coste reducido ha llevado a muchas localidades a instalar más puntos de luz o a aumentar su intensidad, lo que explica en parte el incremento de la luminosidad observado desde el espacio.
Los investigadores estiman además que este aumento del 16 % podría estar subestimado, dado que los satélites actuales detectan de manera menos efectiva la luz azul, predominante en las iluminaciones LED.
Consecuencias para la biodiversidad y la salud
El incremento de la contaminación lumínica plantea varias preocupaciones ambientales. Una exposición excesiva a la luz artificial durante la noche altera el ritmo biológico de numerosas especies animales, especialmente las aves migratorias, los insectos nocturnos y los murciélagos.
En los seres humanos, esta luz nocturna puede también afectar la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, con repercusiones potenciales sobre la calidad del descanso y la salud a largo plazo.
Hacia una iluminación más inteligente
Frente a estos desafíos, varias ciudades están experimentando soluciones de iluminación más responsables. Las nuevas generaciones de farolas conectadas permiten ajustar automáticamente la intensidad lumínica en función del tráfico, la hora o las condiciones de circulación.
Los investigadores consideran que estas tecnologías, combinadas con políticas públicas destinadas a limitar la contaminación lumínica, podrían permitir conciliar la eficiencia energética, la seguridad en los espacios públicos y la preservación de los ecosistemas nocturnos.




