Agricultura en Marruecos: tras las elecciones, los pequeños agricultores esperan respuestas ante el estrés hídrico.

Con la cercanía de las próximas elecciones, la agricultura se impone una vez más como uno de los temas más sensibles de la economía marroquí. Detrás de los logros en exportaciones y los grandes proyectos agrícolas, persiste otra realidad: la de los pequeños agricultores que enfrentan la falta de agua, el aumento de costos, los eventos climáticos adversos y la fragilidad de sus ingresos. Se espera que el próximo equipo gubernamental, y en particular el futuro ministro de Agricultura, demuestre su capacidad para transformar las políticas públicas en soluciones concretas en el ámbito rural.
La agricultura, un asunto que no puede esperar
En Marruecos, la agricultura no se limita a los cifras de producción, exportaciones de frutas y verduras, o grandes inversiones. También constituye una fuente esencial de ingresos y empleo en las zonas rurales.
Sin embargo, en los últimos años, el sector ha evolucionado en un entorno profundamente alterado. La sucesión de años de sequía ha puesto la cuestión del agua en el centro de todas las preocupaciones. El déficit de precipitaciones ya no es solo un fenómeno temporal: obliga a repensar los modelos de producción, las elecciones de cultivos y la gestión de los recursos hídricos.
Es en este contexto que los agricultores mirarán con atención las próximas elecciones y las orientaciones del gobierno que resulten de ellas.
Los pequeños agricultores en primera línea
Para las grandes explotaciones con medios financieros, sistemas de riego eficientes o acceso facilitado al financiamiento, la adaptación sigue siendo difícil pero posible.
Para el pequeño agricultor, la margen de maniobra es mucho más reducido.
Una mala campaña agrícola puede traducirse inmediatamente en una reducción de los ingresos familiares. El costo de las semillas, fertilizantes, productos fitosanitarios, combustible y electricidad pesa sobre las finanzas. Cuando el agua escasea, la situación se complica aún más.
La pregunta que se plantea al próximo gobierno será, por tanto, menos si debe apoyar a la agricultura y más cómo dirigir mejor ese apoyo.
Los pequeños agricultores esperan, en particular, un acceso más sencillo al financiamiento, un acompañamiento técnico reforzado, mejor cobertura ante riesgos climáticos y mecanismos que les permitan reducir su vulnerabilidad frente a las fluctuaciones de precios.
El próximo ministro de Agricultura frente al desafío del agua
El tema más complicado sobre la mesa del futuro ministro probablemente será el del agua.
Marruecos ha invertido durante varios años en embalses, irrigación, desalinización de agua de mar y reutilización de aguas residuales tratadas. Pero la multiplicación de estas infraestructuras no resuelve, por sí sola, la cuestión de la distribución y el uso del recurso.
La verdadera incógnita será determinar qué tipo de agricultura puede sostenerse de manera duradera en un país donde la disponibilidad de agua es cada vez más restringida.
El debate podría, por tanto, ir desplazándose progresivamente de una lógica de rendimiento hacia una lógica de rendimiento por metro cúbico de agua consumido.
En otras palabras: producir más, pero con menos agua.
Esta transformación requerirá inversiones en riego localizado, gestión digital del riego, selección de cultivos adaptados a las condiciones climáticas y, sobre todo, un acompañamiento a los agricultores que, en ocasiones, deberán modificar sus prácticas.
¿Es necesario replantear ciertos cultivos?
Este es uno de los temas más sensibles.
Ciertas producciones agrícolas destinadas a los mercados nacionales e internacionales representan un importante valor económico. Pero en algunas zonas, su consumo de agua está sujeto a un debate creciente.
Para el próximo gobierno, el desafío será encontrar un equilibrio entre múltiples imperativos: preservar los ingresos agrícolas, mantener las exportaciones, garantizar el abastecimiento en el mercado interno y proteger un recurso hídrico limitado.
La pregunta, por tanto, no será simplemente producir más, sino determinar dónde producir, qué producir y con qué cantidad de agua.
La soberanía alimentaria en el centro del debate
Los años de sequía también han reavivado una cuestión estratégica: la de la soberanía alimentaria.
Marruecos sigue dependiendo de las importaciones para varios productos agrícolas, en particular los cereales, cuya producción nacional está fuertemente ligada a las condiciones de lluvias.
El próximo gobierno, por tanto, deberá lidiar con un dilema: ¿debe privilegiar los cultivos que consumen mucha agua pero generan valor y empleo, o destinar más recursos a producciones esenciales para la alimentación de la población?
No hay una respuesta sencilla a esta ecuación. Sin embargo, el debate debería ocupar un lugar importante en las políticas agrícolas de la próxima legislatura.
Entre “Generación Verde” y un nuevo paso
El próximo equipo gubernamental también heredará los resultados de la estrategia “Generación Verde 2020-2030”, lanzada para continuar transformando el sector agrícola.
Esta estrategia priorizó, entre otras cosas, el factor humano, la aparición de una nueva generación de agricultores y la modernización de las cadenas de valor.
Sin embargo, el próximo paso deberá ser evaluado a la luz de un contexto que ha cambiado profundamente: cambio climático, estrés hídrico, inflación de insumos, evolución de los mercados internacionales y presión sobre el poder adquisitivo.
La cuestión será, entonces, si los mecanismos existentes deben ser simplemente continuados, reforzados o reorientados.
El problema de los intermediarios y de la comercialización
Junto al agua, otro problema recurrente en las discusiones del mundo agrícola es la comercialización.
Entre el productor y el consumidor, la cadena puede incluir varios intermediarios. Cuando los precios aumentan en los mercados, el productor no siempre se beneficia de esa subida.
Para los pequeños agricultores, mejorar la comercialización podría ser tan importante como aumentar la producción.
Las cooperativas, mercados organizados, plataformas de comercialización, transformación agroalimentaria y contratos con los distribuidores podrían constituir enfoques que permitan valorizar mejor la producción desde su origen.
La tierra, el financiamiento y el relevo generacional
El próximo ministro también deberá tratar asuntos menos mediáticos pero fundamentales: la tierra agrícola, el acceso al crédito, el seguro agrícola, la mecanización y el relevo generacional.
La salida de los jóvenes de las zonas rurales plantea una pregunta fundamental: ¿quién explotará las tierras mañana?
La agricultura marroquí necesitará una nueva generación de emprendedores agrícolas que dominen las nuevas tecnologías, la gestión del agua, la transformación y los circuitos comerciales.
Sin embargo, atraer a los jóvenes hacia la agricultura implica que esta pueda ofrecer perspectivas económicas suficientemente sólidas.
Una hoja de ruta por escribir tras las urnas
Con la aproximación de las elecciones, los agricultores esperan menos grandes declaraciones y más respuestas precisas.
¿Cuál será el precio del agua agrícola?
¿Qué cultivos se deben priorizar en las regiones más afectadas por la sequía?
¿Cómo proteger al pequeño agricultor ante malas campañas?
¿Cómo facilitar el acceso al financiamiento?
¿Cómo reducir el peso de los intermediarios?
¿Cómo asegurar ingresos agrícolas más estables?
Y sobre todo, ¿cómo construir una agricultura capaz de funcionar con un recurso hídrico que se limita de forma sostenible?
Son preguntas a las que el próximo gobierno deberá dar respuestas.
Porque el verdadero desafío de la agricultura marroquí ya no es solo producir más. Se trata de construir un modelo capaz de producir de manera sostenible, con menos agua, y al mismo tiempo permitir al pequeño agricultor vivir dignamente de su trabajo.
Probablemente, es en este terreno, más que en el de los eslóganes electorales, donde se observará la próxima política agrícola de Marruecos.




