Ceuta y Melilla: lo que la mirada china cambia en un asunto marroquí

Mcg24, Rabat
La crisis en torno a Ceuta y Melilla ya no se limita a la gestión de fronteras o a los flujos migratorios. Desde la perspectiva china sobre el asunto, estas dos enclaves también aparecen como un tema de soberanía, un capítulo en las relaciones marroquíes y españolas y, más ampliamente, un elemento de los equilibrios europeos.
Beijing cambia de vocabulario
En sus declaraciones oficiales, China se muestra cautelosa. Beijing llama a la lucha contra la inmigración irregular y al diálogo entre las partes, sin posicionarse a favor de Marruecos o de España.
Sin embargo, la terminología utilizada en los medios chinos es reveladora. La cobertura de la Agencia Nacional Xinhua presenta a Ceuta y Melilla en el contexto de una disputa de soberanía entre Rabat y Madrid.
Esta elección de vocabulario no implica un reconocimiento de la soberanía marroquí. Sin embargo, sitúa el asunto en un marco más amplio que el de la simple seguridad fronteriza.
Un asunto que va más allá de la migración
Para Rabat, esta evolución del relato internacional no es baladí. Marruecos ha considerado desde hace tiempo a Ceuta y Melilla como territorios marroquíes bajo ocupación española. Desde esta perspectiva, la cooperación en materia de seguridad con Madrid, especialmente en relación con la migración, no puede borrar la cuestión histórica de la soberanía.
Precisamente esta distinción se vuelve importante: cooperar en las fronteras no significa renunciar a una reivindicación territorial.
Lo que observa Beijing
China también examina las consecuencias europeas del asunto: cohesión de la Unión Europea, control de fronteras, política migratoria y la relación entre Madrid, Bruselas y Washington.
Por lo tanto, Beijing tiene poco interés en entrar directamente en la disputa marroquí-española. Su método consiste más en observar las relaciones de poder y conservar sus márgenes diplomáticos. Esta cautela es coherente con la postura china en varios conflictos territoriales: no involucrarse mientras sus intereses directos no lo exijan.
Para Rabat, el relato importa tanto como la diplomacia
El objetivo para Marruecos no es, por tanto, conseguir de Beijing una declaración espectacular sobre Ceuta y Melilla. Tal posición no existe en la actualidad.
El verdadero objetivo está en otro lugar: sacar gradualmente el asunto de una lectura exclusivamente europea de «ciudades españolas enfrentadas a una presión migratoria» para reposicionarlo en el contexto de un conflicto histórico de soberanía entre Marruecos y España.
Es en este terreno donde la mirada china puede volverse interesante para Rabat.
Una batalla a largo plazo
Marruecos y España mantienen hoy una estrecha cooperación en varios asuntos estratégicos. Esta relación no impide que Rabat mantenga su posición sobre Ceuta y Melilla.
La estrategia marroquí se basa así en una coexistencia entre cooperación bilateral y el mantenimiento de la reivindicación territorial, sin precipitar un enfrentamiento.
China, por su parte, observa esta evolución con pragmatismo. Beijing no apoya oficialmente la reivindicación marroquí. Pero su tratamiento del asunto contribuye a recordar que, más allá de la migración y la seguridad, Ceuta y Melilla siguen siendo también una cuestión de soberanía. Para Rabat, es precisamente esta dimensión histórica la que ahora se debe mantener en el debate internacional.



