Volkswagen enfrenta una crisis histórica y contempla nuevas reducciones de empleo.

El grupo Volkswagen está atravesando un período particularmente difícil. Su director general, Oliver Blume, ha reconocido que el fabricante alemán se encuentra en una situación “extremadamente preocupante”, mientras que el sector automotriz alemán enfrenta una creciente presión debido al desaceleración económica mundial y al aumento de la competencia china.
En una entrevista publicada en la red interna del grupo, Oliver Blume describió la situación actual como “la mayor tormenta de su historia”, afectando tanto a Volkswagen como a toda la industria automotriz alemana.
El dirigente se reunirá en los próximos días con los representantes de los empleados para presentar las nuevas medidas de ahorro que se contemplan en el grupo. Estas reuniones se llevarán a cabo en la sede de Volkswagen en Wolfsburg, así como en varias plantas industriales, incluyendo Zwickau y Emden.
El cierre de varias fábricas sigue siendo una posibilidad
Volkswagen está preparando nuevas medidas destinadas a reducir sus costos y su plantilla. Si bien no se ha tomado ninguna decisión definitiva sobre el cierre de fábricas, Oliver Blume ha reconocido que el grupo actualmente no ve “ninguna posibilidad” de mantener la rentabilidad de ciertos sitios en los años 2030.
Las fábricas de Emden, Hannover, Zwickau y Neckarsulm están particularmente bajo la lupa debido a estas preocupaciones.
El fabricante, que sigue siendo el primer grupo automotriz europeo, enfrenta una importante sobrecapacidad de producción en el mercado europeo. Esta sobrecapacidad se estima en aproximadamente 500,000 vehículos al año.
Para Oliver Blume, el cierre de fábricas sería sin embargo “la última opción” y también la más costosa. El grupo, por lo tanto, busca identificar soluciones alternativas que permitan mantener la actividad industrial en los sitios amenazados por una disminución de la rentabilidad.
Volkswagen busca nuevas actividades para sus sitios
En esta perspectiva, Volkswagen explora diversas posibilidades de reconversión industrial. Se estarían llevando a cabo conversaciones avanzadas con empresas del sector de la defensa respecto a un posible uso del sitio de Osnabrück.
Esta estrategia tiene como objetivo preservar parte de las capacidades industriales y los empleos, mientras se adaptan las actividades del grupo a la evolución del mercado.
En julio pasado, Oliver Blume ya había presentado un plan de ahorro al consejo de supervisión de Volkswagen. No obstante, este aún no había tomado una decisión definitiva.
Según varios medios de comunicación alemanes, el gobierno del estado de Baja Sajonia, que posee el 20% de los derechos de voto en el grupo, se había opuesto a la validación del plan.
Se prevé la eliminación de hasta 50,000 puestos de trabajo
La reestructuración anunciada por Volkswagen ya contempla la eliminación de 50,000 empleos. Según Oliver Blume, hasta ahora se han alcanzado acuerdos con aproximadamente 37,000 trabajadores en el marco de este programa.
El dirigente estima que el éxito de la reestructuración dependerá de la capacidad de todas las partes interesadas para respaldar las medidas propuestas.
No obstante, esta perspectiva ha suscitado una fuerte oposición por parte de los representantes de los empleados.
La presidenta del sindicato IG Metall, Christiane Benner, ha criticado enérgicamente las orientaciones de la dirección y ha advertido que los empleados se opondrán a cualquier decisión que busque cerrar fábricas.
En una entrevista con la revista Wirtschaftswoche, recordó que los empleados de Volkswagen ya habían aceptado sacrificios financieros significativos y dolorosos. Según ella, las nuevas medidas planteadas por la dirección constituyen “una nueva bofetada” para los trabajadores.
Un giro importante para la industria automotriz alemana
La situación de Volkswagen ilustra las dificultades estructurales que enfrenta la industria automotriz alemana. Entre la debilidad de la coyuntura mundial, la transición hacia los vehículos eléctricos, los altos costos de producción y el auge de los fabricantes chinos, los grandes grupos europeos deben revisar sus modelos industriales.
Para Volkswagen, el desafío ahora es reducir sus costos y adaptar sus capacidades de producción sin provocar una ruptura social significativa.
Por lo tanto, los próximos intercambios entre la dirección y los representantes de los empleados serán determinantes para el futuro de los sitios industriales afectados y podrían marcar un nuevo capítulo en la profunda reestructuración del primer fabricante automotriz europeo.




