Política

Elecciones del 23 de septiembre: ¿Está la clase política a la altura de las expectativas del ciudadano marroquí?

Con la aproximación de las elecciones del 23 de septiembre, los partidos políticos vuelven a presentar sus programas, eslóganes y promesas. Poder adquisitivo, empleo, salud, educación, aumento del salario mínimo interprofesional garantizado (SMIG)… Las obligaciones no faltan. Pero en un Marruecos que acelera su transformación de cara a 2030, surge una pregunta: ¿es realmente capaz la clase política de seguir el ritmo del país?

El próximo 23 de septiembre, los marroquíes serán llamados a las urnas. Se abrirá entonces una nueva fase política, con su lote de programas, mítines, promesas y declaraciones.

Como en cada cita electoral, los partidos prometen más empleos, un mejor sistema de salud, una educación más eficaz y un poder adquisitivo fortalecido.

Sobre el papel, el programa es atractivo.

No obstante, en la realidad, hay que responder a una pregunta mucho menos cómoda: ¿quién llevará a cabo estas promesas, con qué medios y en qué plazos?

Partidos que luchan por renovarse

Uno de los retos de estas elecciones es la renovación de la clase política.

Desde hace varios años, el paisaje político marroquí sigue marcado por formaciones y líderes políticos ya ampliamente conocidos por el gran público. Los eslóganes cambian, los carteles se actualizan, pero los rostros y los discursos a veces dejan la impresión de un ciclo eterno.

Sin embargo, el ciudadano marroquí también ha cambiado.

Más conectado, más informado y más expuesto a las realidades económicas internacionales, ahora es menos sensible a las promesas generales.

Ya no se limita a preguntar a los partidos: «¿Cuál es su programa?»

Ahora pregunta: «¿Quién lo llevará a cabo? ¿Cuánto costará? ¿De dónde van a obtener los fondos? ¿Y por qué no se ha hecho antes?»

Una serie de preguntas a las que los futuros candidatos deberán responder de manera diferente a simplemente con eslóganes.

El SMIG a 5.000 dirhams: una promesa seductora, pero ¿a qué precio?

La cuestión del salario mínimo debería ocupar, naturalmente, un lugar importante en el debate electoral.

Aumentar el SMIG a 5.000 dirhams puede parecer, a primera vista, una medida socialmente atractiva. Para los trabajadores, un aumento de los ingresos supone una mejora del poder adquisitivo.

Pero detrás de la promesa electoral se oculta una ecuación económica mucho más compleja.

Un aumento significativo del costo laboral afecta mecánicamente a las empresas, especialmente en sectores con alta intensidad de mano de obra y márgenes ajustados.

Y Marruecos también debe considerar su atractivo para los inversores extranjeros.

¿Por qué vienen a Marruecos?

Por su estabilidad, su proximidad a Europa, sus infraestructuras, sus puertos, sus zonas industriales, sus acuerdos comerciales, pero también por una combinación de costos de producción competitivos y de mano de obra cualificada.

Si el costo de la mano de obra aumenta drásticamente, el inversor internacional deberá recalcular su ecuación.

Por lo tanto, no basta con preguntar: «¿Se puede aumentar el SMIG a 5.000 dirhams?»

La verdadera pregunta es: «¿Se pueden aumentar los salarios sin comprometer la competitividad de Marruecos?»

El desafío está ahí: crear más riqueza y productividad antes de prometer una mayor redistribución.

Salud, educación, desempleo: ¿dónde están las competencias?

Las grandes cuestiones sociales no faltan.

La salud sigue siendo un gran desafío. La educación constituye probablemente uno de los retos más importantes del país. Y el desempleo, especialmente el de los jóvenes, sigue siendo una preocupación central.

Pero otra cuestión merece ser planteada: ¿los partidos tienen realmente las competencias necesarias para llevar a cabo estas reformas?

Una reforma de la salud no se reduce a anunciar más hospitales.

Requiere médicos, enfermeras, equipos, financiación, una gobernanza efectiva y una organización capaz de funcionar día a día.

La educación no se reforma solo cambiando los programas. Exige una visión a largo plazo, una formación adecuada para los docentes y una reflexión profunda sobre las competencias que necesitará Marruecos en el futuro.

En cuanto al desempleo, no desaparecerá con el simple anuncio de cientos de miles de empleos.

Un empleo sostenible supone una economía productiva, empresas competitivas, inversión, innovación y, sobre todo, competencias adaptadas a las necesidades del mercado.

No obstante, Marruecos cuenta con numerosos cuadros y talentos en sus empresas, administraciones, universidades y sectores industriales.

La cuestión es saber si estas competencias están suficientemente presentes en los aparatos políticos y si realmente pueden participar en la toma de decisiones públicas.

Un país que avanza a gran velocidad

Aquí es donde aparece el paradoja marroquí.

Mientras que el debate político parece a veces girar en torno a las mismas recetas, el país ha cambiado profundamente.

Infraestructuras de autopistas, puertos, trenes de alta velocidad, zonas industriales, energías renovables, automoción, aeronáutica, turismo, logística y digitalización: Marruecos ha emprendido una transformación profunda de su economía y su territorio.

El Reino ahora aspira a competir en otra categoría.

Esta evolución también se inscribe en la perspectiva de 2030, con la organización de la Copa del Mundo junto a España y Portugal.

Y es precisamente este contraste el que interroga.

Marruecos parece avanzar a veces más rápido que su debate político.

El ciudadano marroquí puede comprobar las transformaciones realizadas en su país y reconocer el papel central desempeñado por el rey Mohammed VI en esta dinámica de modernización y en los grandes proyectos estructurales.

Pero también puede preguntarse por qué una parte de la clase política no parece siempre evolucionar al mismo ritmo.

Marruecos construye infraestructuras capaces de acoger al mundo en 2030.

¿Pero puede construir al mismo ritmo una escuela capaz de preparar a los marroquíes para 2030?

Marruecos atrae inversiones industriales internacionales.

¿Pero puede formar suficientes jóvenes para ocupar los empleos del mañana?

Marruecos moderniza sus ciudades, sus redes y sus infraestructuras.

¿Pero puede modernizar sus servicios públicos con la misma rapidez?

El ciudadano ya no pide milagros

El marroquí de 2026 puede que ya no demande milagros.

Exige eficacia.

Un hospital que funcione. Una escuela que forme. Un empleo que permita vivir dignamente. Una administración que simplifique la vida en lugar de complicarla.

Y, sobre todo, quiere saber hacia dónde va su país.

Por lo tanto, las promesas electorales deberán pasar la prueba de la realidad económica.

Porque prometer es fácil.

Financiar, reclutar, formar, producir y reformar son mucho más difíciles.

Una promesa electoral puede llenar una sala de reunión.

Una reforma exitosa, en cambio, transforma realmente la vida de los ciudadanos.

¿Puede Marruecos de 2030 ser gobernado con las recetas de ayer?

El horizonte 2030 representa una oportunidad histórica.

La Copa del Mundo puede acelerar las inversiones, el turismo, las infraestructuras y la visibilidad internacional del Reino.

Pero el verdadero éxito no se medirá únicamente por el número de estadios construidos, hoteles abiertos o kilómetros de autopistas realizados.

Se medirá por la capacidad de Marruecos para transformar esta dinámica en crecimiento sostenible, en empleos, en competencias y en una mejora concreta de la vida cotidiana de los ciudadanos.

Las elecciones del 23 de septiembre podrían así constituir más que un simple cambio de mayoría o un renovación de escaños.

Podrían ser una prueba en condiciones reales de la capacidad de la clase política para acompañar a un país que ya ha cambiado de escala.

El Marruecos de 2030 no podrá probablemente ser gobernado con las recetas políticas de 2010.

Se requerirán más competencias, responsabilidad, transparencia, rapidez en la ejecución y, sobre todo, una capacidad para decir la verdad a los ciudadanos.

Aun cuando esta verdad sea menos popular que una promesa de 5.000 dirhams.

Después de todo, el ciudadano puede aceptar que un gobierno le diga: «No podemos hacerlo aún.»

Lo que acepta mucho menos es que se le prometa hacerlo mañana… cuando todo el mundo sabe que tal vez será para pasado mañana.

El 23 de septiembre, las urnas hablarán.

Queda por ver si, esta vez, los partidos realmente escucharán.

Porque Marruecos ya avanza hacia 2030.

La verdadera pregunta ya no es si el país quiere cambiar de velocidad. Es saber si su clase política es capaz de cambiar la marcha.

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