Economía

Zonas industriales: el diagnóstico sin concesiones de Ryad Mezzour

Terreno no explotado, disparidades territoriales y gobernanza fragmentada: el ministro de Industria destaca los disfuncionamientos que frenan la valorización del potencial industrial del Reino.

Marrocos cuenta con un patrimonio industrial considerable, pero aún le cuesta explotar plenamente su potencial. Esta es la conclusión expresada por Ryad Mezzour, ministro de Industria, Comercio, Inversión e Inclusión, durante su intervención ante la Cámara de Representantes, el lunes 2 de noviembre. A través de un diagnóstico sin concesiones, el ministro destacó los desequilibrios que caracterizan la gestión y explotación de las zonas industriales a nivel nacional.

Las cifras presentadas son reveladoras de la magnitud del desafío. El Reino cuenta con aproximadamente 5,000 lotes distribuidos en una superficie de 15,000 hectáreas, con una tasa de explotación global del 62%. Aún más preocupante, las disparidades entre las diferentes zonas son particularmente marcadas: la tasa de valorización alcanza el 85% en algunos espacios, mientras que permanece cerca de cero en otros.

Un contraste que interroga la efectividad de las políticas de ordenación del territorio industrial, en un momento en que Marruecos busca consolidar su atractivo ante inversionistas nacionales e internacionales. Porque más allá de la disponibilidad de terrenos, se requiere su transformación en proyectos productivos que generen empleo y valor añadido, lo que constituye el verdadero reto.

Para Ryad Mezzour, parte de estos disfuncionamientos tiene su origen en una gobernanza fragmentada, caracterizada por una división de responsabilidades entre el ministerio y las entidades locales. Esta organización, especialmente en lo que respecta a la creación y gestión de zonas industriales, complica los procesos de toma de decisiones y puede perjudicar la coherencia de las intervenciones.

Esta situación representa un verdadero cuello de botella para la inversión. En un entorno internacional marcado por una creciente competencia entre territorios para atraer capitales y proyectos industriales, el terreno no puede seguir considerándose como una simple reserva de terrenos que desarrollar y comercializar. Debe convertirse en un verdadero potenciador de la competitividad territorial.

El reto ahora consiste en superar la lógica cuantitativa de creación de nuevas zonas para priorizar un enfoque basado en la valorización de lo existente. Esto implica una mejor coordinación institucional, una gestión más eficaz de los espacios disponibles y una adecuación entre la oferta de terrenos y las necesidades reales del tejido económico regional.

Es en esta perspectiva que se inscriben las nuevas orientaciones defendidas por el ministerio. El enfoque anunciado busca ser más inclusivo y territorializado, teniendo en cuenta no solo la disponibilidad de terrenos, sino también las especificidades económicas, potencialidades y vocaciones industriales de cada región.

En el fondo, el desafío planteado por las cifras presentadas por el ministro trasciende la mera cuestión de la ordenación del territorio. Se refiere a un reto más amplio de gobernanza y eficacia de la acción pública: ¿cómo asegurarse de que cada hectárea desarrollada se traduzca realmente en una inversión, una actividad productiva y empleos sostenibles?

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